La desinformación
La desinformación
La desinformación se ha convertido en uno de los fenómenos más determinantes del mundo contemporáneo. Aunque no es nueva, su alcance, velocidad y capacidad de influencia se han multiplicado debido a la revolución tecnológica, la hiperconectividad y la concentración del poder mediático: “Nunca antes habíamos estado tan conectados y a la vez habíamos sido tan vulnerables al engaño”.
La desinformación consiste en difundir información falsa, manipulada o incompleta con la intención de influir en la opinión pública, obtener beneficios económicos o políticos o desestabilizar sociedades. La definimos como “dar información ocultando o falseando hechos intencionadamente”. No se trata solo de noticias falsas aisladas, sino de un fenómeno estructurado que erosiona la confianza en las instituciones, polariza a la sociedad y puede poner en riesgo vidas humanas.
A esto se suma la mal-información, que consiste en divulgar información verdadera —como datos personales o privados— con el objetivo de causar daño. También existen las medias verdades, que se identifican como otra forma de manipulación: “Las verdades dichas a medias también son desinformación”.
La desinformación no es un error del sistema: es una herramienta del sistema. Su función es moldear percepciones, controlar emociones y limitar la capacidad de pensar críticamente.
Aunque hoy se hable de “posverdad”, la manipulación informativa ha existido siempre. Imperios, monarquías, iglesias y Estados han controlado la narrativa para legitimar su poder.
“Siempre se ha dado la desinformación”, aunque ahora se combina con un exceso de información que dificulta la reflexión.
Históricamente, la clase dominante ha controlado los medios de comunicación, convirtiendo la información en un instrumento de la lucha de clases. La educación también ha sido utilizada como herramienta de control, centrada en la memorización y no en el pensamiento crítico. Incluso los movimientos sociales han sufrido esta falta de formación: “usábamos más los eslóganes que la formación”, lo que facilitó que el sistema mantuviera el control.
En la actualidad, la información está en manos de grandes corporaciones mediáticas y tecnológicas. Estas entidades poseen recursos, datos y algoritmos capaces de influir en la conducta humana a gran escala: “Es el poder quien controla la información”.
¿Qué mecanismos de control se utilizan?
Entre los mecanismos de control destacan:
a) La repetición
Repetir una mentira hasta hacer que parezca verdad sigue siendo una estrategia central, heredada de la propaganda del siglo XX.
b) La manipulación del lenguaje
Cambiar palabras cambia percepciones: así, palabras como “régimen”, “terrorismo”, “comunismo”, “sanchismo” nos inducen a condenar todo lo que se relaciona con ellas… El lenguaje se usa para generar emociones y orientar opiniones.
c) La creación del enemigo
Los medios construyen “ejes del mal” según intereses geopolíticos. Hoy Rusia, ayer Cuba o Irán; mañana, cualquier otro país o colectivo.
d) La descontextualización
La información se presenta sin análisis del contexto social. Así en temas como la migración, se culpabiliza a colectivos vulnerables sin explicar las causas estructurales, en relación a la vivienda se habla sobre “la ocupación” generando miedo a perder nuestras propiedades, o al informar sobre la guerra se pone el punto de vista en las batallas o las pérdidas sin analizar los intereses económicos y políticos implicados.
e) El papel de las redes sociales
Las plataformas digitales permiten difundir mensajes sin filtros y enviarlos a audiencias seleccionadas con precisión. Quienes las controlan “tienen cancha libre para decir todas las barbaridades que quieran”, o bien eliminar informaciones que no interesan al sistema.
f) El miedo como herramienta
El miedo paraliza y facilita el control. Afirmamos que el poder busca “inocularnos valores como miedo, odio, individualidad, competitividad”.
En conjunto, estos mecanismos conforman un ecosistema donde la desinformación es una estrategia deliberada para mantener el poder.
La inteligencia artificial (IA) aporta elementos añadidos al debate actual. Por un lado, facilita la creación de contenidos falsos cada vez más sofisticados: “deepfakes”, “bots”, textos automatizados…. En sentido contrario, ofrece herramientas para detectar patrones de manipulación y verificar la autenticidad de la información.
Reconocemos esta dualidad: “La inteligencia artificial ha hecho más fácil la creación de desinformación. Pero la propia IA puede detectar patrones de desinformación”.
Sin embargo, la IA también profundiza las desigualdades globales. Mientras una parte del mundo debate sobre algoritmos, otra ni siquiera tiene acceso a la electricidad. Además, las decisiones sobre su uso están en manos del sistema económico dominante, lo que plantea interrogantes éticos y políticos.
¿Cómo nos influye?
La desinformación influye en todos los aspectos de la vida cotidiana:
a) Salud
Los bulos médicos sobre vacunas o tratamientos pueden poner vidas en riesgo, como se vio durante la pandemia.
b) Conocimiento
La sobrecarga informativa reduce la capacidad de análisis. Sabemos que “vamos perdiendo el pensamiento crítico y hasta la capacidad para leer un libro”. Por otra parte, se presentan como equivalentes conocimientos basados en la ciencia u opiniones de personas de influencia.
c) Emociones
La desinformación manipula sentimientos como el miedo o la ira, el individualismo, la competitividad, afectando la salud mental y la convivencia.
d) Política
Influye en elecciones, alimenta la polarización y erosiona la confianza en las instituciones.
e) Cultura
Moldea el “sentido común”, aquello que aceptamos sin cuestionar.
f) Consumo
El marketing utiliza técnicas de manipulación y sugestión para impulsar el consumo, promoviendo soluciones ligadas a consumir de manera individual para resolver cualquier necesidad humana como salud, relaciones, creación, capacidad crítica, o solidaridad entre personas.
En resumen, la desinformación altera nuestra percepción del mundo y condiciona nuestras decisiones.
¿Cómo enfrentar la desinformación?
Se trata de combinar formas diferentes en situaciones particulares:
a) Educación crítica
Desde la infancia, enseñar a analizar la información, identificar manipulaciones y comprender las relaciones entre las situaciones y sus contextos. Aprender a memorizar no es el camino, sino aprender a pensar, a hacer y a ser.
b) Formación política
La ciudadanía necesita herramientas para interpretar la realidad social y comprender los intereses detrás de cada mensaje. Formarnos nos ayuda a protegernos.
c) Reducir la dependencia de las redes
“Evitar el uso sin control de las redes y vivir más el mundo de la calle”.
d) Reconocer nuestra vulnerabilidad
Aceptar que todas las personas somos susceptibles a la manipulación y compartir experiencias para evitarla.
e) Buscar fuentes diversas
Contrastar informaciones, leer medios alternativos y mantener una postura crítica incluso con ellos.
f) Exigir regulación
Leyes como la de Servicios Digitales de la UE buscan que las plataformas sean responsables de respetar las leyes y asumir las consecuencias de la desinformación que generan.
g) Construir comunidad
Debatir, compartir análisis y fortalecer redes de apoyo directo evitando la manipulación interesada de redes sociales.
h) Aceptar la incertidumbre
La búsqueda de certezas absolutas nos hace vulnerables a discursos simplistas.
Sabemos que la desinformación es un fenómeno estructural que atraviesa la historia, la política y la vida cotidiana. No es un accidente: es una herramienta de poder. Sin embargo, podemos resistirnos a la manipulación. La educación crítica, la diversidad informativa y la reflexión colectiva pueden convertirse en antídotos poderosos.
Podemos concluir que “Combatir la desinformación no es solo tarea de gobiernos o periodistas; es una responsabilidad compartida que nos incumbe a toda la ciudadanía”.
Comisión de Opinión de Sasoia
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